martes, 2 de julio de 2013

Almitas de papel. II




Él, en cambio, desarmaba barquitos de papel para encastrar las letras de alguna otra manera, necesitaba desarmar las cosas en busca de una explicación que lo calmara.
Leía manuales, estudiaba formulas, sacaba el común denominador de todos los que habían conocido la felicidad, tomaba apuntes y hacía ecuaciones para nunca pasar por el triángulo de las bermudas.
Pero al rato se aburría, ponía las palabras en la turbina y la hacía girar tan rápido que las palabras salían disparadas y quedaban estampadas en la pared con formas de girasol , de casa con chimenea o de volante.
Lo  mágico es que todo se transformaba en algo imprevisible cuando se metía dentro de la mecánica de los barquitos. Los engranajes eran pedacitos de ideas viejas, fracasos reciclados, fotos gastadas de tanto andar.

Salía a navegar horas con la intención de  seguir un rumbo fijo, hasta que se daba cuenta que un coletazo de sirena había roto su timón, y que las olas habían transformado el papel en otra cosa, en una especie de alga camaleónica con el resto del paisaje.
Los peces que lo veían pasar le  bailaban un vals de un lado al otro del barco y se  alimentaban del oxígeno de la risa de sus ojos siguiendo la coreografía.
Él tarareaba una canción con una voz raspada de tocadiscos  en un idioma que inventaba en ese mismo momento, aunque siempre sospechaba del origen de las invenciones.
Decía no dejarse llevar pero el vértigo del  mar era mucho más fuerte que el control que él pensaba ejercer.
Y entonces se encontraba moviendo su cabeza al compás de las olas y los peces, y cada vez que se asombraba su esperanza se multiplicaba decenas de veces.
Había encallado varias noches en su afán de poner las cosas en el lugar que creía que iban, su empeño era un capricho infantil y dulce. Eso pasaba cuando él desplegaba las velas en contra del viento, tiraba el ancla en arenas  movedizas, hacía una burbuja que impedía entrar el aire, viciando su propio vapor, lloviéndose siempre sobre lo mismo,  y se asustaba hasta pensar que eso era el destino.
Solía cruzarse con barcos llenos de piratas compartiéndole sus tesoros que no eran más que monedas hechas de galletita y páginas arrancadas de libros viejos.
Los piratas no eran malos, la maldad era sólo una versión de los hechos, lo habían remolcado varias veces acunándolo cuando los supuestos buenos estaban muy ocupados en retener el cinturón de buenos frente al resto del mundo.
La  revelación se daba en ese segundo de estornudo, en que el mar hacía de él lo que quisiera, y ahí  por mucho que le costara admitirlo, sabía  que el mapa trazado sólo era una excusa para sentirse tranquilo, porque cuando entraba en  el agua, no había puerto a llegar que en el mismo viaje no se desarmara  por la sal del presente.

Entonces, diluyéndose,  él se transformaba en  el capitán de sus barcos de papel, subía de tripulación a todos sus monstruos y eran ellos quienes lo ayudaban a navegar el paisaje completo.



lunes, 24 de junio de 2013

Plan B (El robo feroz)





O podemos tener cada  vez más palos en los autos
 para defenderse como corresponde
Podemos seguir cerrando barrios y mundos y esperanzas,
subir la dosis de pastillas para dormir mejor
subir la tele para dormir mejor.
(-pero qué ojos más grandes tienes
-son para mirarme el ombligo mejor)
Y podemos fabricar armaduras
cada vez de talles menores
para usarlas desde  más chiquitos
O podemos pedirle las anteojeras a los caballos
para no enterarnos si el vecino tiene hambre de amor.
(-pero qué boca tan grande tienes
-es para gritarte mejor)
Podemos pedirle al gps
que venga con muchos más avisos de zonas peligrosas
seguir  quejándonos de todo lo que  no nos gusta
pero hacemos
poner  cercos electrificados
para quien quiera alejarnos de nuestra zona de comfort
seguir fortaleciendo la cadena de montaje
de  nuestro sistema educacional
y dejar que los niños se ensamblen como puedan.

(-pero qué piernas tan grande tienes
-es para escaparme mejor)
Podemos todo eso
o sentir que el plan b nos lleva a la extinción
de ser humanos
Y empezar a construir un plan A.



martes, 11 de junio de 2013

Las cosas del querer



Te quiero, le dije.
Hasta donde, me preguntó.
Hasta la casa del peluquero de Silvio Soldán, le contesté.
Pero no existe, usa peluquín, refutó.
Por eso, le dije, te quiero hasta un lugar que no existe, un lugar metafísico. Y vos y yo sabemos que tratándose de mí, que digo giladas todo el día, eso es lo más profundo que puedo decir.

domingo, 21 de abril de 2013

Almitas de papel. I



Desde muy chiquita sabe varios secretos de los cielos.
Vos la viste ciertas noches como yo , trepar furiosa en el pájaro azul de la noche y bailar con una sonrisa dibujada que era como si todo el mundo sonriera en el momento que ella lo hacía.Era una sonrisa de mundo entero.
La cuestión es que montaba pájaros con una facilidad absoluta, como si el pájaro fuera el barco y el cielo hubiera puesto todo el oleaje de estrellas a su favor.
Hacía dibujos de lunas pasando el dedo por el lomo. Y como si fuera un pizarrón mágico la luna se dibujaba gentil sobre ellos.
Decía que en este hemisferio la luna era verdadera, crecía o decrecía según iba avisando su ánimo y se llenaba cuando ella estaba completa de felicidad.
Hacía piruetas y jugaba a casi estrellarse contra el árbol milenario de la muerte, solamente para sentirse renacer plena de vida desde las raíces
Pero lo difícil de los dones es que a las tormentas se les da por acomodarse justo ahí, haciéndose cómplices del silencio.
Con el tiempo supimos que cualquiera fuera su destino, las cosas se le anudaban tanto que ella montaba pájaros para atravesar tempestades, salvar el dragón de las garras de la princesa, sacar de cautiverio lo salvaje y desenojar a los brujos.
Para ella nada era lo esperable, hasta que lo esperable de pronto pasaba. Su dios era un Mozart que sostenía la tensión hasta el último minuto.
Después de mucho andar, de hacer millonésimas de kilómetros, ella llegaba hasta su faro.
Vos la viste llegar como yo, la viste caer rendida de cansancio con los ojos todavía llenos de sorpresa.
Su lucha era una antigua batalla entre el crecer durmiendo abrazada a los monstruos para perderles el miedo, y seguir amando con una inocencia de ojos grandes, de acuarelas frescas y olor a pan en las manos.
Vos la viste como yo, luchar con la puerta y la grandeza de lo que no se dió cuenta:
Ella monta pájaros porque todavía está desenredando sus propias alas.

martes, 19 de marzo de 2013

Verdades supremas de pollo



Las papas fritas nunca son demasiadas, igual que las medialunas.
Todos alguna vez abrimos el paquete de una mentira,
nos lo comimos eterito
y lo dejamos en la góndola
como si nunca lo hubiéramos tocado
porque nos salía más barato
el autoengaño de hacer como si nada.
La fe es ese plato de palitos
que te traen con  la cerveza,
cuando llega la comida lo dejás de lado
pero cuando se termina,
estás picando otra vez  lo que quedo en el platito .
El nesquik  nos cagó la vida
porque ahí  la felicidad se posponía:
si no lo agitabas y primero te tomabas toda la leche
después sólo quedaba el éxtasis 
de comerse  el chocolate a cucharadas.
Bueno, en la vida nunca llega
el momento del chocolate a cucharadas,
acá es más bien cuestión de distribución y agite.
La tierra firme no existe,
es un invento de las concesionarias de autos,
no nos movemos más
que en una sucesión
de cuerdas flojas.
Las tostadas siempre caen del lado del dulce,
las mujeres no.
Vino tinto y vino blanco es  mezcla.
Alcohol y resentimiento no es mezcla,
es resaca.
Entre una verdad y una suprema de pollo
elegí siempre la suprema de pollo
porque al menos alimenta otra cosa que no es el ego.


Caminito




Crucé océanos de tiempo para encontrarte.
Caminé desiertos rodeada de gente.
Aprendí rutas. Las desaprendí.
Cambié los puntos cardinales de tu mapa.
Desarmé constelaciones y  las repartí de vuelta.
Inventé nuevos nombres.
Magneticé tu brújula.        
Soborné a tu ángel.
Señalicé la pista de aterrizaje de mis miedos.
Olvidé todo el lenguaje conocido.
Aprendí a escuchar tus manos.
Nací miles de veces con cada uno de tus sí.
Te encontré.
Y haría la odisea las veces que sean necesarias
para encontrarte todos los días en la orilla de mi cuerpo.

jueves, 10 de enero de 2013

Fresco y batata



Yo tan pan entero; vos tan pan en rodajitas
yo tan colonizadora ;vos tan patria rebelde
yo tan homo sapiens; vos tan orgullo de Darwin en la cadena evolutiva
yo tan fin del mundo; vos tan crédito plazo fijo
yo tan cuerda floja; vos tan tierra firme
yo tan resaltador flúo; vos tan lápiz mina
yo tan "prohibido el ingreso a cualquier persona ajena a la empresa" vos tan  "estoy para ayudarle".
Vos tan sirena; yo tan Ulises
vos tan colonizadora; yo tan patria regalada
vos tan vitel thoné en navidad ; yo tan superpancho el 25 al mediodía en la terminal de Puente Saavedra
vos tan Europa; yo tan que lo más lejos que  fuí es Hurlingam
vos tan carnet de buceo ; yo tan “no se nadar”
vos tan todo cerrado en frasquitos ; yo tan paquetitos abiertos de todo
vos tan libre circulación ; yo tan "taxi, siga ese auto"
vos tan Disney ; yo tan nunca vi Nemo
vos tan asteroide b612; yo tan baobab
vos tan agua;  yo tan aire
vos tan reyes magos, yo tan "el rey ha muerto”

Pero de repente un seis de enero, yo me convierto en Baltasar y  nos regalo dos entradas para ver Disney y vos me llovés y mi aire hace burbujitas en tu agua, nos bajamos del taxi y nos vamos caminando .
O de repente, un 25 de diciembre vos te sentás conmigo en la terminal de colectivos a comerte un pancho, y Ulises  se entrega  al inmensísimo océano de las Nereidas, y empezamos a creer que los  ángeles de la guarda no estaban tan muertos como parecían.

Y  empezamos a un montón de cosas
por sobretodo a sentir en el amor
esa alquimia salvadora
que mezcla todos los elementos.
Y sabemos que entonces lo único importante
es que yo tan te amo y vos tan yo también.