martes, 19 de marzo de 2013

Caminito




Crucé océanos de tiempo para encontrarte.
Caminé desiertos rodeada de gente.
Aprendí rutas. Las desaprendí.
Cambié los puntos cardinales de tu mapa.
Desarmé constelaciones y  las repartí de vuelta.
Inventé nuevos nombres.
Magneticé tu brújula.        
Soborné a tu ángel.
Señalicé la pista de aterrizaje de mis miedos.
Olvidé todo el lenguaje conocido.
Aprendí a escuchar tus manos.
Nací miles de veces con cada uno de tus sí.
Te encontré.
Y haría la odisea las veces que sean necesarias
para encontrarte todos los días en la orilla de mi cuerpo.

jueves, 10 de enero de 2013

Fresco y batata



Yo tan pan entero; vos tan pan en rodajitas
yo tan colonizadora ;vos tan patria rebelde
yo tan homo sapiens; vos tan orgullo de Darwin en la cadena evolutiva
yo tan fin del mundo; vos tan crédito plazo fijo
yo tan cuerda floja; vos tan tierra firme
yo tan resaltador flúo; vos tan lápiz mina
yo tan "prohibido el ingreso a cualquier persona ajena a la empresa" vos tan  "estoy para ayudarle".
Vos tan sirena; yo tan Ulises
vos tan colonizadora; yo tan patria regalada
vos tan vitel thoné en navidad ; yo tan superpancho el 25 al mediodía en la terminal de Puente Saavedra
vos tan Europa; yo tan que lo más lejos que  fuí es Hurlingam
vos tan carnet de buceo ; yo tan “no se nadar”
vos tan todo cerrado en frasquitos ; yo tan paquetitos abiertos de todo
vos tan libre circulación ; yo tan "taxi, siga ese auto"
vos tan Disney ; yo tan nunca vi Nemo
vos tan asteroide b612; yo tan baobab
vos tan agua;  yo tan aire
vos tan reyes magos, yo tan "el rey ha muerto”

Pero de repente un seis de enero, yo me convierto en Baltasar y  nos regalo dos entradas para ver Disney y vos me llovés y mi aire hace burbujitas en tu agua, nos bajamos del taxi y nos vamos caminando .
O de repente, un 25 de diciembre vos te sentás conmigo en la terminal de colectivos a comerte un pancho, y Ulises  se entrega  al inmensísimo océano de las Nereidas, y empezamos a creer que los  ángeles de la guarda no estaban tan muertos como parecían.

Y  empezamos a un montón de cosas
por sobretodo a sentir en el amor
esa alquimia salvadora
que mezcla todos los elementos.
Y sabemos que entonces lo único importante
es que yo tan te amo y vos tan yo también.

martes, 18 de diciembre de 2012

Habemus libro



Cuerda floja, el libro con el formato justo para abanicarte cuando tenés calor.

Fuera del área de cobertura




Si me cruzás por la calle
es útil que sepas varias cosas.
No soy buena
para que me muestres la altura de tu enano facho
ni la inmadurez de tu pensamiento adulto
ni la mentira de tu verdad absoluta.
No te sirvo
para que le hagas espejito rebotín de queja
a la verdulera
y me digas a mí lo caro que están los zapallitos.
No me hace falta que me recuerdes
cuánto está tardando el colectivo
lo mal que anda el tren todos los días
lo inseguro de la inseguridad .
No me suma saber tu postura
pro anti
nada.
No estoy preparada
para ser la esponja residual
de tu queja no resuelta.
Prefiero que me cuentes
cuál es tu Les Luthier favorito
cómo se llamaba tu primer perro
qué sentiste cuando te diste cuenta
que el ratón Perez no existía
y la estabilidad tampoco.
Qué árbol había en la puerta de tu casa,
cuando fue la última vez que te trepaste a uno.
Para qué te tomás el colectivo
qué hay esperándote
y si de verdad vale la pena tanta queja
de correr bajo la lluvia
como si hubiera algún refugio al que llegar.


Dibujo: http://severinin.es/

martes, 27 de noviembre de 2012

Crisis es oportunidad




Que el fin del mundo nos salve
de la soja de Monsanto
de ser la oveja blanca
de los testigos de Jehová los domingos a las nueve de la mañana
de los testigos de cualquier cosa
que hablan como si fueran los protagonistas
de la enfermedad de la tele prendida de fondo
para no tocar fondo
de reproducir la escena de Tiempos Modernos
y ser autómatas yendo a un trabajo
de que no haya más canciones de Spinetta
más poemas de Cortázar
más obras de Peña.
Que el fin del mundo nos salve
de olvidarnos los cumpleaños
de olvidarnos lo importante
que no es más que vivir y dejar vivir.
Que el fin del mundo nos salve
de ver Titanic por sexta vez
un sábado a la tarde en canal trece
de leer a Bucay porque está en oferta
de ir a la verdulería y que no haya ninguna palta madura
de que todas las hamacas de la plaza estén ocupadas.
Que el fin del mundo nos resguarde
de todo lo que nos guardamos,
de subir al colectivo y ser el único que va parado
de posponer la felicidad como si fuera la alarma del despertador.
Que vengan los mayas, los aztecas, los incas
los griegos , los piratas, las sirenas
y que nos salven
de los que creen que todo es abstracto
de los que creen que todo es concreto
de los paraísos
de los cuerdos
de los impermeables
de los metrosexuales
de las metrosexuales
de los que creen que la femineidad
se mide en centímetros de taco.
Que venga el apocalipsis
y nos ponga contra un gran espejo
solitos con nuestra alma
hasta entender que el fin del mundo
está adentro nuestro
y no es más que ese amigo invisible
que se transforma en lo que nosotros queramos que sea.

miércoles, 14 de noviembre de 2012

El único remedio es no tener cura





Pero un día te levantás y te das cuenta de que el árbol es tan grande, que no podés ver el bosque.
Al principio te desesperás, por las claras limitaciones que esto provoca.
Te ametrallás a preguntas del estilo : ¿Qué hay después del árbol? ¿Qué constelaciones de ramas me estoy perdiendo? ¿Cómo consigo un lago donde hacer agua o pinos que me den descanso?
Te cae la ficha, como unl venenito en la cabeza: Sabés que la única opción es mirar fijo y agudo el árbol.
En el bosque pierde identidad y se funde y confunde entre tanto verde. Ahora toca lo otro, reconocer cada una de sus formas, saberlo jacarandá un día, cactus al día siguiente, paraíso al otro día y así sucesivamente en un sin fin de formas mutantes.
El árbol no te deja ver el bosque y por algo está el árbol ahí y vos ahí parado tan enfrente haciendo un zoom inevitable.
Sabés que el bosque existe, que viene después pero que ahora no está y pensarlo ahora es tan inútil como pensar en Papa Noel a mediados de agosto.
Ahora estás vos y él en pleno combate de amorío, cara a rama, cuerpo a tronco.
Ese árbol también es el bosque entero.
Lo abarcás de todas las maneras posibles.
Te armás la casita que te prometiste cuando eras chico, le colgás una rueda para hamacar por un rato la pena de creerte perdido, le tallás ese nombre que repetís hasta en sueños , lo mirás fijo y mientras, el zoom que no para.
Te da miedo y te metés por el huequito que ves entrar a las hormigas para esconderte hasta que te cansás de la oscuridad y te trepás a la rama más alta a ver el atardecer que es casi lo único en lo que crees.
Te derretís al sol, elegís ser del estado más líquido posible para filtrarte por las raíces , donde sabés que confluye el bosque y tenés la humedad para no deshidratarte.
Te fundís con el árbol hasta desintegrarte, no distinguís hasta dónde te crecieron los brazos de tanto cavar.
Por fin estás del otro lado , y al rato del descanso ves aparecer una fila interminable, sabés que viene otro árbol y otro y otro, pero que focalizar en cada uno es la única manera de ampliar el horizonte.

lunes, 8 de octubre de 2012

Mecanismo lunar




De chiquito te dijeron que no te gustaba mojarte, que tenías que usar paraguas, porque si te mojás la ropa pesa más, y llegar y colgar todo, y las zapatillas que no se terminan de secar nunca además andar con el pelo mojado y el frío y que después parecés un infeliz.
Así que entendiste que no te tenía gustar mojarte y el paraguas se convirtió en un elemento imprescindible de tu v
ida.
Tanto que siempre tenés a tu mamá/papá/responsable y/o tutor a cargo que te grita cuando estás por abrir la puerta para ir a jugar: “ no te olvides el paraguas”.
Un día llueve y tenés el paraguas encima. Llegás a la estación y ya lo tenés tan incorporado como si fuera una extensión de tu brazo, que ni siquiera percibís que está el techito del andén y que no necesitás cubrirte de nada, porque hay el oxigeno suficiente para que respires sin que la lluvia te invada y te convierta en pez, porque un poco de miedo te da eso: las branquias no quedan bien y no sabés si te combinan con la ropa.
Pero vos no lo notás, no notás el techito, no notás que ya no hay por qué defenderse de la lluvia que tan fiel a la ley de gravedad cae insistentemente sobre la vida de todos.
Y así pasa el tiempo, y vos en el andén y hasta a veces te tomás el mismísimo tren con el paraguas, porque ya no sabés bien si está abierto o cerrado, eso en los casos en los que más atención pongas, porque a veces ya ni siquiera sabés si tenés el paraguas o no.
Un buen día (que vos en principio, creías que no era tan bueno) te roban el paraguas, te queda toda una jornada andando por la calle, por eso rogás a cada paso, que no se largue a llover, y soplás despacito sin que nadie lo note (porque otro miedo que tenés además del de convertirte en pez, es que la gente piense que estás loco) y le prometés ofrendas y caminatas a Lujan al dios del tiempo.
Pero el cielo no te hace caso y se llueve todo y parece que lloviera peor (o mejor) que nunca, el agua dañando cada micropartícula de la ciudad, porque de tanto que te defendiste de la lluvia toda la vida, pensás que la lluvia no baña, daña.
Te mojás, todo te mojás, diez segundos y la película seca que contabas antes no la podés contar más, tu invulnerabilidad se permeabilizó.
Los primeros cinco minutos estás molesto por la sensación rara, eso que vos no elegiste y te cayó del cielo, como maldición.
Pero hay un momento en que algo (puede ser esa parejita que viste caminando de la mano riéndose, o la nena que saltaba feliz de charco o en charco, o el recuerdo de tu perro metiéndose al mar) giró el picaporte y decidiste entrar en la lluvia, entregarte a estar empapado.
Y comprobaste por vos mismo, que no estaba tan mal mojarse, que si aplaudías debajo de la lluvia, las gotitas salpicaban de tus manos y si agitabas las ramas de los árboles tenías una nube personalizada.
Que no estaba nada mal convertirse en pez, y andar boqueando entre la coreografía uniforme de paraguas-escudo, y que las branquias combinaban, porque las branquias siempre combinan.
Que cuando te dejaste de defender de lo que cayó del cielo como maldición, se transformó en bendición.
Ese día lo supiste,desde ese momento la industria de los paraguas iba a contar con un cliente menos.