lunes, 20 de agosto de 2012

Síntomas




A Bego.

Inestabilidad en las piernas.
Ataques de narcisismo 
por escuchar tu nombre en su voz,
por ver tus ojos cuando ella se refleja ahí.
Le das la razón a Einstein y su teoría de la relatividad del tiempo
cuando seis horas parecen seis minutos
y una semana, un mes de vacaciones.
Tus amigas te dicen que estás más mística que nunca.
Te encontrás por la calle cantando
"me sube la bilirrubina" de Juan Luis Guerra.
Si ella está ahí
los bizcochitos azucarados 
te parecen más azucarados,
los juegos de mesa que antes te aburrían
ahora te divierten,
te tomás los primeros mates fuertes
porque sabés que a ella le gustan los lavados.
Cuestionás las ciencias pensando
que el sol no sale más por el este
sino por su pecho
y que el infinito cabe en sus ojos.
La vida se vuelve un pase de magia
en el que el abracadabra sólo funciona si es a dos voces.
No podés escribir otras cosas que no sean cursis como ésta
y no te importa ser cursi.

No, no estoy perdidamente enamorada de ella.
Estoy encontradamente enamorada de ella.

domingo, 15 de julio de 2012

Efectos residuales



Y al final de todo, darse cuenta que con las relaciones pasa lo mismo que con los fósforos, en un principio lo que las enciende es la chispa,  pero después cuando la magia está gastada, se trata de seguir haciendo fuego con la parte de la maderita que  queda, con claros riesgos de quemarse los dedos y  de que el fuego nunca termine de prender.

lunes, 9 de julio de 2012

Puertos


Decirle pascualina




a todo lo que no tiene nombre.

A querer comerte un chocolate a las tres de la mañana
con  un insomnio que más que estar despierta  es estar desierta,
a los ojos rojos y chiquitos que achinan los fantasmas,
a la huerta que nunca vas a tener, porque todo se te marchita
inclusive los fantasmas.
Decirle pascualina a estar  sola y mal  acompañada,
al silencio que hacemos cuando la guerra  planta bandera en tu boca.
Decirle Pascualina a que se te muera la abuela
y te salga un "tendría que haberla visitado  más seguido"
Decirle Pascualina a escuchar la perversión de sus manos en otros libros
a que todo lo que vos querés, exista siempre en  un talle menos
a que te guste sólo lo que ya tiene su par
a las lunas vacías 
a los colectivos fuera de servicio.
Decirle pascualina
a que empiecen a dar vuelta las  sillas  del bar en  el que estás
a que pienses que tendrías que haberte comprado
la  otra campera que te ofrecía la vendedora, no la que te compraste.
A que te falten diez centavos para el viaje  
a todo  el tiempo que sobra después de un chau.
Decirle Pascualina aunque sea
como una forma de apego
esos días en que no creemos en el zen, ni en el sol
ni siquiera en nuestra propia historia.
Aferrarse a algo,
aunque sea a un nombre
para no resbalarse
cuando la vida va  en pendiente hacia abajo.

sábado, 23 de junio de 2012

Bajo cero





Las palabras saliendo de tu boca estufa
convirtiéndose en mis oidos en bolitas de nieve.
La leña que no me alcanza.
La soga anudada.
El puente roto.
Las estalactitas de lo que fuimos
amenazándome desde  el techo.
La magia tiritando pálida.
El avión estrellado y humeante.
Vos pidiéndome que te dibuje un cordero
pero el viento tan frío 
que la mano se me quiebra
sólo de intentar garabatearlo en el aire.



Foto: Jazmín Bretón

miércoles, 20 de junio de 2012

Turismo de vos



Entonces es un correr por Avenida de Mayo alejándonos de la horda de vanidad, un caminar por caminar, un caminar de barriletes y telescopios de  chocolate , una nube acurrucada en tu hombro haciéndose lluvia en mis manos, el centro de Buenos Aires pareciendo la última sucursal de la felicidad, el vino de tu abrazo,  tu cintura un altar en donde adoramos a las ganas, mi curiosidad de cómo hay un resto de cielo que sobrevive sin tu piel, un libro inédito en tus ojos, tus gestos retardando el otoño, la piedrita llegando al cielo, los versos que sólo se leen de tu mano, los muchachos del camión pidiendo un beso, la puerta giratoria de siempre, el miedo como una chaquetita gris que abriga el presente, un sillón rojo en donde dormimos la pena a risas, un 152 transportando una valija retenida por otro alguna vez en la aduana, un túnel regalándonos un eclipse en plena noche, la promesa de un pájaro, de un viaje, de dos, la vuelta a la calle y tus pasos como un saltar de cabritos haciendo inexistente la distancia a la luna.
Lo que quise decir fue tu nombre, que es como decir todo la parte del mundo que quiero tocar.

Mosquito por un día





En el comedor, un estribillo juega a las escondidas con un cantautor mientras, en su cuarto, Jazmín le grita “pica” a unos miedos.
A la vuelta de la esquina, a Paz la detienen por portación de nombre.
Un globo se suelta de la mano de Lautaro y cae en el funeral de un dictador.
Unos metros más arriba, en el aire, un pájaro entra en la turbina de un avión.
doscientos pasajeros resultan ilesos. Un pájaro, no.  
En tierra, una azafata le indica la salida de emergencia a alguien que no puede volar.
Una mujer arranca una margarita, dejando sin comida a una abeja.
La margarita se venga, le contesta  siempre “ nada”
Un panqueque hace caso omiso de la ley de gravedad y se adhiere del cielo raso un rato largo ; un ángel no puede y cae impávido a la tierra. Le ponen de nombre Rocío.
Una pareja se empeña en escribirse el destino, pero uno de los dos no entiende la letra.
Un tipo decide no tomar más café, pensando que así se va a pasar la frustración que siente por lo que le pronosticaron en la  lectura de la borra.
En algún museo lejano, la mona lisa se deprime, hubiera preferido mucho más ser  a cuadritos.
Un poco más acá, alguien que por exceso de abrigo no puede ser parte del aire, termina un texto de  doscientos treinta y nueve  palabras.